¿Qué nos define como persona?

Empiezo por lo básico. Soy Montse y tengo 31 años. Vivo cerca de Barcelona con mi pareja y mi bebé precioso. ¿Qué más os puedo contar?

Cuando toca presentarse siempre aparecen las dudas. ¿Cómo me defino? ¿Por dónde nací, crecí, estudié? ¿Por toda la formación que llevo a mis espaldas? ¿Me defino por cómo me siento ahora, en este preciso momento?

Supongo que si opto por la última opción, haría un compendio de todo, porqué mi historia define mi presente, aunque no lo determina definitivamente. ¡Madre mía! ¿Cuánta gente hay en el mundo que acaba estudiando algo que no tiene nada que ver con su esencia?

Pero ese no es mi caso. Desde que tengo uso de razón que quería ser maestra. Nunca he tenido dudas. Me preguntaban desde bien chiquita y siempre contestaba lo mismo: profesora. (años más tarde entendí que lo que yo quería ser era maestra y no profesora, pero ese es otro tema que ya trataremos).

Recuerdo mi tranquilidad en el instituto cuando todos mis compañeros y compañeras estaban atacados de los nervios porqué no sabían qué hacer con su vida. Yo lo tenía claro: Magisterio de educación infantil y en Lleida, que Barcelona es muy grande y yo prefiero el ambiente pueblo. 

Así que allí acabé: con 18 años compartiendo piso con una chica y dos chicos. ¿Estudiar? Poco. La carrera de magisterio se ha ganado su mala fama a pulso. Trabajos inútiles, clases sin sentido, contenido totalmente obsoleto para lo que la realidad de las escuela estaba demandando ya en ese momento. 

Pero disfruté como la que más. Crecí, ví mundo, conocí gente y tuve el valor y la suerte de irme de Erasmus 9 meses. A Italia. ¡Vaya añito! (Prometo explicarlo más adelante). 

Un final y mil inicios 

Como se suele decir, todo lo bueno acaba y efectivamente el Erasmus acabó y yo volví a casa después de haberme pasado 9 meses convirtiéndome en otra persona. Creo que fue a partir de ese momento que sentí que no volvía a encajar en el contexto que conocía de siempre. 

Andaba el año 2011. Plena crisis económica y las listas de interinos no se movían. Así que decidí empezar a estudiar Pedagogía a distancia. Tengo buen recuerdo porqué aprendí muchísimo y estudié todo lo que no había estudiado años anteriores. ¡Qué manera de empollar! Y me la saqué en 3 años. Fueron años de mucho estudiar, trabajar los fines de semana en una cafetería y ahora con distancia veo que también fueron años de desconexión absoluta con mi esencia, mis deseos y mis sueños. 

Acabé la carrera y a los pocos días ya estaba trabajando como monitora de comedor y extraescolares en una escuela pública de mi ciudad. Ahí fue cuando me metí de lleno en el acompañamiento de las criaturas. Empezó a despertarse ese sentimiento de que algo estaba fallando en el sistema educativo. Algo me chirriaba muy fuerte y no sabía el qué. Recuerdo estar con más de 50 criaturas de 3 a 6 años en el comedor. Recuerdo mucho ruido, muchas prisas e incluso mucha violencia cuando se obligaba a comer todo lo que había en las bandejas. Además en el grupo había alguna criatura con necesidades educativas especiales y lo pasaban fatal con el ambiente que se respiraba cada día en el comedor. 

La chispa de la crianza consciente 

En aquella época me formé en educación viva y ahí pude poner palabras y sentimientos a todo lo que estaba viviendo en la escuela. Sabía que se podían hacer las cosas de diferente manera, que con voluntad y formación de las personas que acompañan, se puede generar el cambio. Pero claro, como siempre ahí entra el gran dilema: ¿se puede generar el cambio en la educación sin antes haber hecho un trabajo personal?

Total, que iban pasando los cursos y ahí seguía. Hasta que me llegó la oportunidad de trabajar en una Escuela Infantil como tutora de bebés de P0. ¡Estar en una clase de 20m2 con 8 criaturas lactantes!

Creo que fue la experiencia laboral que más me enseñó. Me tuve que enfrentar por primera vez a un grupo-clase y esta vez eran bebés. Tenía que dormirlos, alimentarlos, consolarlos, cambiarlos… Fue maravilloso y estoy segura que fue la chispita que encendió mi amor por la etapa 0-3. Ahora me veo con aquellos 20 años, acunando a una bebé y veo la inocencia y la ignorancia de no tener ni idea de cómo se acompaña a criaturas tan pequeñas. Ni movimiento libre, ni porteo, ni sostén emocional… No sabía nada y todo lo que iba surgiendo era desde la intuición y la vocación. Me equivoqué muchas veces, está claro. ¿Pero como iba a saber algo si nadie me había enseñado después de haberme pasado 6 años de mi vida estudiando educación? ¿Por qué la etapa 0-3 sigue estando tan olvidada e incluso menospreciada? 

Se acabó la sustitución y me fui al paro. Ahí mi vida personal estaba hecha añicos y no tenía claro qué hacer, hacia dónde ir, no era feliz. ¡Estaba perdidísima!

Y por intuición o porqué la vida siempre es muy sabia, me matriculé en un posgrado a distancia sobre Inteligencia Emocional. Me apunté pensando que iba a tener recursos para mi vida profesional y mi sorpresa fue que todo lo que iba aprendiendo me desmontaba mi vida por completo y me removía a tales niveles que tomé la decisión más difícil y valiente de mi vida: salir de donde estaba y tomar las rindas de mi vida. 

Seguí el posgrado y me gradué con un 10 en el trabajo final. ¡Flipaba con cada notaza que sacaba en los trabajos! 

En ese tiempo conocí términos como “empoderamiento femenino”, “creencias limitantes”, “patrones familiares” y empecé a zambullirme en el mundo del crecimiento personal. 

No os imagináis todo lo que llegué a llorar aquél año, todo lo que aprendí y lo valiente que fui. A los meses me compré un billete de avión hacia México. Iba a cumplir mi sueño de cruzar el charco y trabajar como voluntaria en una escuela. 

¡Era tan feliz! Durante dos meses viajé por Chiapas y la Rivera Maya, conocí gente maravillosa, aprendí infinidad de cosas, me sentí sola y a la vez poderosa y fuerte. Y allí empezó mi historia de amor con el que hoy es el padre de mi hijo. (Pero eso, de momento, me lo reservo). 

Al volver empecé a trabajar en una escuela maravillosa como tutora de 1º de primaria. ¡Madre mía cuánto aprendí ese año! Era un grupo muy especial que me llevó al límite de mis conocimientos, que me empujó a no dejar nunca de aprender y me demostraron que con ganas y amor todo es posible. 

Acabó el curso y en el último momento me dijeron que no podían contar conmigo en septiembre. ¡Jarra de agua fría! Volver a empezar otra vez. Lloré muchísimo y me sentí la más desgraciada del mundo. Lo que no sabía que es la vida tenía otros planes para mí: “Mira bonita, tu has venido a aprender y aquí todo es demasiado fácil”. 

Así que acabé de tutora de bebés de 1 año en una escuela que supuestamente era maravillosa por todo lo que vendían y por todo lo que se veía de puertas hacia fuera. Mi decepción fue enorme y me pasé dos cursos muy enfadada con todo el sistema y con la vida en general. 

¿Cómo es posible que se puedan hacer las cosas tan mal? ¿Por qué nadie tiene en cuenta las necesidades reales de la infancia? ¿Por qué importa más el bien queda que el bienestar de las criaturas? 

Durante esos dos años pasaron muchas cosas: me quedé embaraza, perdí al bebé, me formé como doula, me volví a quedar embaraza y por fin dije adiós a esa escuela. Y viví la gran revolución de mi vida: nació mi hijo. 

Ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta de que todas esas experiencias me han traído aquí. Me dieron la visión y el empujón necesario para creer con firmeza que otra manera de acompañar la infancia y a las familias es posible y es necesario. 

Son demasiadas las veces que he escuchado juicios de valor y críticas gratuitas de profesionales de la eduación hacia las familias y sus criaturas. ¿Y sabéis qué? Que estoy cansada de alimentar eso. 

Mi propósito es claro: llevar la maternidad y las necesidades de los bebés al centro de la sociedad. Los primeros cuidados al centro. La vida al centro. 

Deseo que te haya gustado esta primera entrada y que quizás te hayas podido sentir identificada con algo de lo que escribo.

¡Me encantará leerte en comentarios!

Gracias siempre, 

Montse

4 comentarios en “¿Qué nos define como persona?”

  1. Que historia Montse! La vida no? Al final nos arrastra como un rio y nos expulsa donde debíamos estar hace tiempo.
    Felicidades y que tengas suerte , aunque no la vas a necesitar ♥️

    1. ¡Muchísimas gracias Tamara! A veces nos empeñamos en quedarnos en sitios que no son para nosotras. Por suerte, la vida es mucho más sabia y sabe lo que tenemos que vivir para seguir avanzando. Un abrazo!

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